¡Viva la vida!

Su cuerpo se hizo añicos cuando, a los 18 años, el autobús en el que viajaba fue arrollado brutalmente por un tranvía. A causa de ello, tuvo que guardar larguísimos periodos de reposo en cama, enfundada en una escayola que le cubría, salvo cabeza, brazos, manos y pies, la totalidad del cuerpo. Ahí fue cuando, Frida Kahlo, se aficionó a la pintura y fue expresándose emocionalmente a través de ella. Valentía y reinvención ante un gran revés. Por ello, y porque junto a una vitalidad enorme para nosotras es y será un referente indiscutible, recientemente acudimos a la maravillosa muestra que hasta noviembre le brinda el museo V&A de Londres. Como diría Frida, ¡Viva la vida!

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