La historia de Malick Ndiaye

Alambre y latas de refresco para fabricar un telescopio.
Esta es la historia de Malick Ndiaye, que cuando aún no sabía leer ni escribir, en lugar de salir a jugar al fútbol con sus amigos, prefería pasarse las horas ojeando un viejo libro que había en su casa llamado Todo el Universo, fascinado por aquellas misteriosas imágenes de estrellas y planetas. Luego, por la noche, salía al patio a mirar esos puntos brillantes en la lejanía. Y se hacía preguntas.
Con solo ocho años aprendió a identificar Sirio, Betelgeuse o Aldebarán, cada una en su lugar. Para verlas más de cerca, el pasado verano, a la edad de 13, juntó unas viejas gafas de miope de su padre, la lente de una cámara, alambre, papel, latas y caña y se fabricó su propio telescopio. “Ahora puedo contemplar bien Júpiter y hasta los anillos de Saturno”, dice con una sonrisa.
Nos os perdáis esta historia llena de planetas, estrellas e ilusión infinita.
¡Feliz viernes!
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